NIKA nació en una cancha de hockey, entre entrenamientos, viajes y una obsesión.
El hockey nos enseñó valores que hoy nos definen. Pero siempre supimos que nuestro vínculo con el deporte iba más allá de la cancha: fue, y es, nuestra forma de vivir, de crecer y de cuidarnos.
Tener mi propia marca fue mi sueño desde chica, aunque durante mucho tiempo lo dije en voz baja. En muy poco tiempo NIKA creció muchísimo, en Argentina y en Estados Unidos, y hoy hay jugadoras y jugadores de los dos países entrando a la cancha con un palo nuestro.
Gracias por ser parte de esta evolución. Lo mejor recién empieza.
El hockey es una pasión que nos une en familia
En casa el hockey no es un tema de conversación: es la conversación. Nico, mi marido, juega. Fue con él que empezó todo esto, entre charlas de sobremesa que terminaban siendo planes.
Con Daniela, mi hermana, compartimos cancha. Sabemos lo que es entrenar juntas, viajar juntas y bancarnos los domingos de partido. Y Nina, mi hija, creció adentro de este ambiente: entre bolsos, palos y canchas.
Por eso NIKA no es solo una marca. Es lo que hacemos todos los días, con la gente que queremos.





Mi primera tanda de palos
Todavía me acuerdo del día que las vi llegar. Cajas y cajas, con mi logo impreso, con el nombre que había pensado mil veces antes de animarme a decirlo en voz alta.
NIKA surgió de una charla. De pasar mis días al lado de Nico, viéndolo proyectar y hacer realidad sus ideas, hasta que me empujó a darle forma a la mía. Yo quería palos que a mí me hubiese gustado tener: lindos, bien hechos, pensados por alguien que juega.
Esta fue la primera tanda. La toqué, la probé, la entregué a mano una por una. Y todavía no lo puedo creer.
Gracias por acompañarme. Estoy muy pero muy feliz.